18 de diciembre de 2011


REPORTAJE EN LA REVISTA VEINTITRES


CARLOS OVIEDO, SANITARISTA E INTEGRANTE DE LA MESA EJECUTIVA DE LA CORRIENTE PERONISTA NACIONAL

   “ En salud hay mucho por hacer ”




Fue director del Hospital Gandulfo, de Lomas de Zamora, durante cinco años. En febrero pasado abandonó la gestión, pero no la medicina. Carlos Oviedo continúa en la disciplina, a través de una empresa privada y de acciones de carácter político que apuntan a resolver las necesidades sanitarias de diversas comunidades. Como referente de la Corriente Peronista Nacional viajó a Chaco para cumplir su promesa de entregar a la comunidad de Campo Medina una ambulancia, medicamentos y equipos de fumigación contra la vinchuca. También anunció la formación del Frente Indígena, dentro de la Corriente, con representantes de los pueblos originarios de esa provincia, de Salta, Jujuy, Formosa y Misiones. Alineado con el flamante vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, afirma que es necesario “avanzar en la organización y profundización del modelo, falta mucho por hacer”.

–¿Qué lo llevó desde la medicina a la política?

–Está todo relacionado. Ramón Carrillo decía que frente a las enfermedades que generan la miseria, la tristeza y el infortunio social de los pueblos, los microbios son una pobre causa de enfermedad. Soy médico sanitarista y sigo su camino. Es imposible pensar la salud sin la problemática social y política. Por eso en el Gandulfo, además de reformular el sistema de atención, dejamos funcionando un laboratorio de producción pública de medicamentos, más de 100 formas de un vademécum elaborado por los médicos del hospital. Y una investigación que busca un jarabe para el Chagas, que consideramos logrará mejor adherencia de los pacientes.

–¿Por qué eligió Campo Medina para donar el equipamiento sanitario?

–Hace un tiempo viajé a reunirme con un compañero, Luis Saravia, que planteaba muchos problemas de salud. Es toba y de Campo Medina. Estábamos en Resistencia, cuando una chica de esa comunidad, de 30 años, con un embarazo complicado, murió y también el bebé, porque se atrasó la ambulancia. Me conmovió tanto que me puse a gestionar una ambulancia. La comunidad reclamó con cortes de ruta y logró una reunión con el gobernador, Jorge Capitanich, en la que participé y le conté sobre la investigación del jarabe. Ahora está estudiando un proyecto de armar un laboratorio en Chaco.

–¿La investigación concluyó?

–El jarabe se elaboró, pero estamos en la fase preclínica, ensayos en animales. Hay muchas drogas que se están probando con nanotecnología y esta es una. Pero además, queremos hacer algo concreto en Campo Medina, formar promotores de salud para prevenir el Chagas, con eliminación de la vinchuca, algo que ya habíamos experimentado en el Gandulfo contra el dengue.

–Su salida de la dirección del Gandulfo fue conflictiva...

–Porque había diferencias políticas con el intendente, Martín Insaurralde. El Movimiento Evita quiso tener sujeta la conducción del hospital y yo no estuve de acuerdo, por eso me fui. Alicia Kirchner me ofreció la Dirección Nacional de Alimentación, pero me pareció que era alejarme de mi actividad y, entendiendo que la crisis del Gandulfo fue política, preferí colaborar en fortalecer algunas cuestiones y denunciar, constructivamente, lo que falta por hacer. Estamos muy comprometidos con el proyecto de Cristina y Néstor, pero entendemos que hay 18 millones de argentinos que tienen como único sistema de atención el estatal, municipal, provincial o nacional, con muchas falencias. La intención es que los temas de salud se incorporen a la agenda. El Chagas, por ejemplo, afecta a más de dos millones de argentinos y se transmite por vía placentaria; la medicación está en forma intermitente y hay muchas enfermedades concurrentes, como la desnutrición o la tuberculosis, que agravan el panorama.

–En la zona norte del país, además del Chagas, está el riesgo cierto del dengue, que este año presenta una nueva cepa. ¿Estamos preparados para enfrentarlo?

–La cuestión es la misma de siempre: una política muy clara de atención primaria. Pero hay falencias. Sin ir más lejos, en la provincia de Buenos Aires hay cientos de salas, pero tienen escaso presupuesto o está mal gestionado, muchos profesionales no quieren trabajar ahí porque están mal pagos. Hay que repensar la política de atención primaria en el país, fortalecer los recursos humanos, proveer insumos... Hoy no existe un sistema de atención primaria en la Argentina.

–¿Cuáles son los pasos básicos para armarlo?

–Hay que poner de pie a los prestadores estatales, para lo cual no hay que invertir mucho, con 5 o 6 mil millones de pesos anuales se puede creer un sistema público, estatal y nacional, que hoy no existe porque los prestadores son provinciales o municipales. Necesitamos por lo menos diez años de continuidad de un programa que nos permita pensar la salud a 2020. Crear un ejército de promotores de salud, algo que planteó Floreal Ferrara hace veinte años desde el Ministerio de Salud bonaerense con los equipos Atamdos (atención ambulatoria y domiciliaria de salud) y que tampoco requiere una gran inversión.

–¿Por qué elige trabajar por fuera de los organismos oficiales de salud?

–Bueno, hace diez años trabajé en el Ramos Mejía, donde denuncié que la empresa de oxígeno cobraba los productos cinco veces más que en el Español y me llevó a renunciar. En el Gandulfo, en cinco años, convertimos una salita en un gran hospital, con consultorios, maternidad, neonatología y unidad coronaria a nuevos; reordenamos la guardia y terminamos produciendo medicamentos. Es difícil hacer mucho más que esa experiencia, tan rica y tan valiosa, desde un hospital.

–¿Por qué pasó de esa experiencia, que modifica la vida de una comunidad, a donar una ambulancia, que en todo caso es una modificación provisoria?

–Porque creo en que hay que seguir organizando para profundizar el modelo de país. Y a esos lugares el modelo todavía no llegó. Hay que marcar agenda, hacer que Buenos Aires sepa que hay muchos pueblos olvidados del interior, que necesitan que se garantice el derecho a la salud, que no es una declamación.

–Los pueblos originarios ya tienen una organización que reclama por sus derechos, ¿por qué lanzar un frente con sello político?

–Porque saben que es posible pelear juntos para transformar el país. Así como Capitanich se comprometió a estudiar proyectos, Urtubey, en Salta, hace oídos sordos a muchos de esos reclamos. Ambrosio Casimiro era cacique de Cachi, hace un año tenía 28 y murió por neumonía, desnutrido, con defensas bajas. Era totalmente evitable. Para nosotros no es un número en las estadísticas, hay un nombre, un apellido, una historia de vida detrás. El kirchnerismo, que queremos y defendemos, está en condiciones de dar respuesta.